Cuando Dios dice “sí”, los obstáculos dejan de ser muros y se convierten en caminos. Lo que parecía una puerta cerrada, Él lo transforma en una oportunidad.
Moisés tenía delante el Mar Rojo; humanamente era un obstáculo, pero cuando Dios dio la orden, el mar se abrió y se convirtió en un camino. David tenía frente a sí a Goliat; para todos era una barrera imposible, pero para Dios era la puerta hacia una gran victoria.
Quizás hoy estés mirando circunstancias que parecen detenerte. Sin embargo, si Dios ha determinado bendecirte, cumplir Su propósito o abrir una puerta para tu vida, nada podrá impedirlo. El mismo obstáculo que te hace llorar hoy puede ser el testimonio que mañana cuentes con alegría.
Si Dios dice sí, no temas al obstáculo; porque Él tiene el poder de convertir cada barrera en un camino y cada problema en una oportunidad para mostrar Su gloria.
“Yo iré delante de ti, y enderezaré los lugares torcidos...” (Isaías 45:2).

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