Septiembre, Mes de la Biblia
Septiembre nos abre sus páginas como un recordatorio de que la Palabra de Dios sigue viva, eterna e inmutable. Este mes nos invita a volver nuestra mirada al Libro Sagrado, ese manantial inagotable que alimenta nuestra fe, fortalece nuestro espíritu y guía cada paso en el sendero de la vida.
La Biblia no es solo un compendio de historias antiguas, sino la voz de Dios
hablándonos al corazón. En sus páginas hallamos consuelo en la aflicción,
dirección en la confusión, corrección en el error y esperanza en medio de la
incertidumbre. Cada palabra escrita en ella es semilla de vida, espada que
vence las tinieblas, lámpara que ilumina el camino y pan que sacia el hambre
del alma.
En septiembre, recordamos que la Palabra no pierde su vigencia. Sigue
transformando corazones, levantando al caído, inspirando al cansado y
despertando en nosotros un amor profundo por el Señor. Es el tesoro más grande
que tenemos, más valioso que el oro y más dulce que la miel.
La Palabra de Dios ha permanecido firme a
través de los siglos, atravesando generaciones, culturas y continentes. Ningún
otro libro ha sido tan perseguido, cuestionado, traducido y proclamado como la
Biblia. Y, sin embargo, sigue de pie, como testimonio vivo de que “la hierba se
seca y la flor se marchita, pero la Palabra de nuestro Dios permanece para
siempre” .
Su vigencia se nota en que sigue respondiendo
a las preguntas más profundas del ser humano: ¿Quién soy? ¿De dónde vengo? ¿A
dónde voy? Cuando la ciencia avanza, la tecnología sorprende y las corrientes
cambian, la Palabra sigue revelando verdades eternas que dan paz y dirección.
A lo largo de la historia, la Biblia ha sido
instrumento de transformación personal y social. Inspiró a hombres y mujeres a
luchar contra la esclavitud, a promover la educación, a extender la justicia y
a llevar esperanza a los más necesitados. Ha encendido avivamientos
espirituales que marcaron naciones enteras, despertando corazones dormidos y
levantando generaciones comprometidas con Dios.
Su efecto transformador no es simplemente
intelectual, sino espiritual: cambia al pecador en redimido, al desesperanzado
en alguien lleno de fe, al enemigo en hermano. Lo que ninguna filosofía o
ideología logró sostener en el tiempo, la Palabra lo ha hecho con poder, porque
no solo informa: renueva, libera y da vida eterna en Cristo Jesús.
Leer la Biblia cada día es más que un hábito,
es un encuentro con la voz de Dios. Así como el cuerpo necesita alimento
diario, el alma requiere del pan vivo que fortalece, consuela y da sabiduría.
Cada versículo abre una puerta a la esperanza,
cada promesa nos recuerda que no estamos solos, y cada enseñanza nos dirige
hacia la verdadera vida en Cristo. En sus páginas encontramos respuestas que el
mundo no puede dar, y fuerzas que el corazón por sí mismo no puede generar.
Cuando hacemos de la lectura bíblica un
deleite cotidiano, nuestro pensamiento se renueva, nuestra fe se afirma y
nuestra vida se transforma. No hay mejor inversión de tiempo que sumergirse en
la Palabra de Aquel que nos ama y nos guía con fidelidad.
🌿 Lee la Biblia cada día… porque en ella encontrarás luz para el
camino, paz para el alma y dirección para cada paso de tu vida.

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