“Trastornadores del mundo: El poder transformador del Evangelio”
La frase “Estos que trastornan el mundo entero han venido aquí también” proviene de Hechos 17:6, y es una declaración hecha por algunas personas en Tesalónica cuando los apóstoles Pablo y Silas estaban predicando el evangelio.
Aquí tienes el versículo completo en la
versión Reina-Valera 1960:
Hechos 17:6
“Pero no hallándolos, trajeron a Jasón y a algunos hermanos ante las
autoridades de la ciudad, gritando: ¡Estos que trastornan el mundo entero
también han venido acá!”
Significado
Esta expresión fue usada de forma despectiva
por quienes se oponían al mensaje del Evangelio, pero involuntariamente
reconocieron el impacto poderoso de la predicación cristiana. Pablo y Silas
estaban transformando vidas, desafiando estructuras religiosas y sociales, y
promoviendo un reino que no era de este mundo.
Aplicación
Hoy, muchos cristianos usan esta frase con
orgullo espiritual, reconociendo que el evangelio tiene poder para
trastornar —es decir, transformar radicalmente— el mundo entero.
🌿 ¿Qué significa “trastornar” en el ámbito espiritual?
En el contexto de Hechos 17:6,
"trastornar" no significa causar caos sin sentido, sino romper
esquemas establecidos, sacudir lo que está muerto o estancado, y despertar
lo que estaba dormido. En el ámbito espiritual, trastornar implica:
- Confrontar el pecado con la verdad del Evangelio.
- Mover corazones endurecidos hacia
el arrepentimiento.
- Desafiar estructuras religiosas vacías sin vida del Espíritu.
- Encender avivamiento donde
hay sequedad espiritual.
- Establecer el Reino de Dios donde
antes reinaba la oscuridad.
Los cristianos en el libro de los Hechos
trastornaban porque traían luz a las tinieblas, libertad a los
cautivos y vida donde había muerte.
✨ Reflexión
poética: “Trastornadores del mundo”
“Trastornadores del mundo”, dijeron con temor,
pues donde Cristo era anunciado, temblaba la opresión.
No eran espadas ni lanzas las que traían en su andar,
sino fuego del cielo que no se puede apagar.
Con pasos de obediencia y bocas llenas de fe,
trastornaban ciudades donde reinaba el desdén.
Derribaban argumentos, cadenas hacían caer,
porque donde el Reino llega, todo vuelve a nacer.
No buscaban gloria propia ni títulos sin
valor,
sino almas redimidas por la sangre del Señor.
Trastornar no es destruir —es sembrar luz en el dolor,
es sanar al quebrantado y hablar vida con fervor.
Hoy también somos llamados a trastornar sin
temor,
a llevar la cruz en alto, a vivir para el Señor.
Que digan lo que digan: “¡han venido a perturbar!”,
que el mundo se sacuda… ¡Jesús vuelve a reinar!

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