“No soy lo que logro, soy lo que Dios dice que soy”

 

La presión del rendimiento en los jóvenes es una carga emocional y mental que muchos adolescentes experimentan al sentir que deben cumplir con expectativas altas en distintos aspectos de su vida, como los estudios, el deporte, la apariencia física, las redes sociales, la vida espiritual, e incluso en el ambiente familiar o eclesiástico.

🌪️ ¿Qué es la presión del rendimiento?

Es cuando un joven siente que su valor depende de su desempeño. Se cree aceptado solo si logra buenas calificaciones, destaca en lo que hace, cumple ciertos estándares sociales o satisface las expectativas de los demás.

Esta presión puede venir de:

  • Padres o adultos que esperan excelencia constante.
  • Docentes o líderes que enfocan solo en resultados.
  • Redes sociales, donde se idealiza el “éxito”.
  • Autoexigencia interna, por miedo al fracaso o al rechazo.

⚠️ Consecuencias de esta presión:

  • Ansiedad y estrés crónico
  • Baja autoestima si no se alcanza el estándar
  • Comparación constante con otros
  • Miedo a decepcionar
  • Pérdida del gozo y motivación
  • En algunos casos, puede llevar a depresión o agotamiento emocional

✝️ ¿Qué dice Dios al respecto?

Dios no mide nuestro valor por cuánto logramos, sino por quiénes somos en Él. En Su Reino, el fruto se valora más que el rendimiento; la fidelidad pesa más que los logros visibles.— Mateo 11:28— Mateo 11:30 Dios no pone sobre nosotros cargas que destruyen. Él nos llama a vivir confiando, no compitiendo. Su gracia no depende de nuestras obras, sino de Su amor.

💡 Reflexión final para los jóvenes:

No necesitas demostrar nada para ser amado por Dios. Él te creó, te conoce y te acepta. Da lo mejor de ti, sí, pero no por obligación ni por miedo al rechazo, sino como un acto de amor hacia Aquel que ya te dio valor.

👉 Recuerda: tu identidad está en Cristo, no en tu rendimiento.

Vivimos en una época donde los jóvenes están constantemente bajo evaluación. Desde muy temprano se enfrentan a pruebas, calificaciones, competencias, comparaciones, expectativas familiares, retos sociales y desafíos espirituales. Y sin darse cuenta, empiezan a creer que su valor depende de su rendimiento.

Muchos se esfuerzan por sacar buenas notas, destacar en algún talento, ser aceptados en redes sociales o agradar a sus padres y líderes. Todo eso no es malo, pero cuando se convierte en una obsesión, nace una carga invisible pero muy pesada: la presión del rendimiento.

💬 ¿Qué es esta presión?

Es la voz interna (y a veces externa) que dice:

  • “Si no soy el mejor, no valgo.”
  • “Debo cumplir con las expectativas o defraudaré a todos.”
  • “No me puedo equivocar.”

Y esa presión no solo agota… también te roba la paz, la alegría y la identidad.

⚠️ Las consecuencias pueden ser serias:

  • Jóvenes que sienten ansiedad constante por fallar.
  • Adolescentes que ya no disfrutan lo que hacen por miedo a no rendir suficiente.
  • Chicos que se comparan y se sienten menos.
  • Creyentes que piensan que si no oran suficiente o no sirven como otros, no agradan a Dios.

Muchos están agotados emocionalmente, viven frustrados por no llegar al nivel que otros les imponen… o que ellos mismos se exigen.

✝️ ¿Qué dice Dios sobre esto?

Dios no mira el “rendimiento”, Dios mira el corazón.

“El Señor no mira lo que mira el hombre; el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón.”
— 1 Samuel 16:7

Jesús no te ama más por sacar 10, ganar una competencia o predicar mejor que otros. Él ya te amó primero, antes de que hicieras nada.

“En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros.” (1 Juan 4:10)

❤️ Tu identidad no está en lo que haces, sino en quién eres en Cristo:

  • Eres hijo de Dios, no esclavo del rendimiento (Juan 1:12).
  • Eres amado, no evaluado por tu perfección (Jeremías 31:3).
  • Eres valioso por tu esencia, no por tu éxito (Mateo 6:26).
  • Eres aceptado en el Amado (Efesios 1:6), no rechazado por errores.

🙌 ¿Qué deberías hacer como joven cristiano?

  • Haz todo con excelencia, pero no para agradar al mundo, sino a Dios (Colosenses 3:23).
  • Aprende a descansar en Su gracia. No todo depende de ti.
  • No te compares. Cada uno tiene su proceso y su tiempo.
  • Habla con alguien si te sentís presionado o desbordado.
  • Busca identidad en la Palabra, no en las redes, ni en la aprobación externa.

Conclusión: Dios no te llamó a rendir, sino a vivir en plenitud.

Tu valor no sube ni baja con tus logros. En Cristo, ya tienes una posición segura, una identidad firme y un amor eterno.
Respirá, bajá el ritmo… y recordá: "No soy lo que logro, soy lo que Dios dice que soy."


Comentarios

Entradas populares de este blog

Dinámicas y juegos cristianos para reforzar las lecciones bíblicas

"SOMOS LOS HIJOS DE PADRES QUE NO FUERON A TERAPIA"

MAMÁ: Papá nunca tiene tiempo para nosotros?