Glosa: “Padre, sacerdote del hogar”

 


En el corazón del hogar, donde nacen las primeras oraciones y se forjan los valores eternos, hay un hombre que Dios ha puesto como guía y protector: el padre.

No lleva sotana ni púlpito, pero su altar es la mesa familiar.
Sus sermones son hechos, no discursos;
su Biblia, la lee con la vida;
y sus rodillas, muchas veces, se doblan en secreto
clamando por la salvación y el bienestar de los suyos.

El padre, verdadero sacerdote del hogar,
es quien bendice el día antes de que amanezca
y sostiene su casa con esfuerzo, fe y dignidad.
Trabaja con sus manos para proveer,
pero trabaja también con el corazón para formar.

Es el primero en levantar el ánimo cuando hay caída,
el que pone límites con amor,
el que enseña con el ejemplo a caminar en verdad,
a respetar, a orar y a confiar en Dios.

Cuando un padre ora por sus hijos,
el cielo se inclina a escuchar.
Cuando un padre guía con integridad,
la luz del Señor alumbra su hogar.

Ser padre no es solo dar la vida,
es también cuidarla, orientarla y consagrarla.
Es ser reflejo del Padre celestial:
misericordioso, fuerte, paciente y justo.

Hoy celebramos a esos padres que no solo sostienen la casa,
sino que también levantan el alma de su familia.
A ellos, que son pastores de su rebaño en lo cotidiano,
¡honor, gratitud y oración!

 

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