“El padre, reflejo del amor de Dios”

 



Padre…
Nombre que lleva fuerza y ternura,
columna firme del hogar,
hombre que, en silencio, edifica cada día
con manos laboriosas y un corazón que sabe amar.

Es guía en medio de la tormenta,
voz que corrige con sabiduría,
mirada que abraza sin palabras
y oración que sube cada noche por su familia.

El padre es protector incansable,
refugio en la necesidad,
siembra valores con su ejemplo
y riega la fe con fidelidad.

Es paciente, aunque el mundo lo agobie,
es justo, aunque la vida lo pruebe,
y aunque el cansancio lo visite,
no deja de luchar ni de creer.

Tiene la virtud del sacrificio,
la fortaleza del roble en pie,
la humildad que no busca aplausos,
y la esperanza que nunca deja de ver.

Ama como el Padre celestial nos ama,
corrige con misericordia y verdad,
y aunque humano y débil en sus días,
se apoya en Cristo para continuar.

¡Bendito sea el padre que teme a Dios!
Que instruye a sus hijos en Su camino,
que deja huellas de fe y de amor,
y lleva el cielo en su destino.

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