✨ El llamado a enseñar: más que una tarea, un ministerio
En la obra del Señor, enseñar no es simplemente una función que se cumple cada domingo. Es un ministerio sagrado, una responsabilidad que nace del corazón de Dios y se deposita en vasos dispuestos, como tú. Cuando aceptamos el llamado a ser maestros en la escuela bíblica, no sólo estamos preparando lecciones, sino que estamos formando vidas eternas.
📖 1. Enseñar
es parte del corazón de Dios
Desde el principio, Dios se revela como un
Dios que instruye, guía y enseña. En Deuteronomio 6:6-7, Él da un
mandato claro al pueblo:
“Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán
sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos...”
Dios desea que su Palabra se transmita de
generación en generación. Y para ello, ha levantado hombres y mujeres con
un corazón dispuesto para enseñar fielmente su verdad.
Cada vez que entras al aula de la escuela
bíblica y compartes una historia, una dinámica o un versículo, estás sembrando
una semilla eterna. Puede parecer algo pequeño, pero el impacto que tiene
una verdad bíblica en el corazón de un niño puede marcar su vida para siempre.
“El que recibe a un niño como este en mi
nombre, a mí me recibe.” — Mateo 18:5
Los niños que hoy escuchan una historia de
Jesús, mañana serán los líderes, siervos, pastores y evangelistas de la
iglesia.
No se trata solo de preparar actividades, sino
de preparar el corazón en oración. Un maestro eficaz es aquel que busca
a Dios antes de enseñar, que intercede por sus alumnos y pide al
Espíritu Santo que le dé sabiduría para guiar.
“Si alguno ministra, ministre conforme al
poder que Dios da.” — 1 Pedro 4:11
Tu fuerza no está en tu creatividad, sino en
la unción que Dios deposita en ti cuando haces tu tarea con humildad y
dependencia de Él.
Un maestro bíblico no solo informa, forma.
No solo transmite conocimiento, sino que modela el carácter de Cristo.
Por eso, tu ejemplo, tu conducta, tus palabras y tu actitud valen más que
cualquier lección ilustrada.
“Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo.”
— 1 Corintios 11:1
Tu vida es la pizarra donde los niños aprenden
lo que significa seguir a Jesús.
👐 5. Dios
recompensará tu fidelidad
Muchos maestros sirven sin que nadie los vea.
Llegan temprano, preparan materiales, oran, aconsejan… y muchas veces se van a
casa sin un “gracias”. Pero Dios sí ve. Y Él recompensa a los que le sirven
con amor.
“Porque Dios no es injusto para olvidar
vuestra obra y el trabajo de amor que habéis mostrado hacia su nombre.” —
Hebreos 6:10
No desmayes. El Señor ve cada esfuerzo, cada
lágrima, cada oración. ¡Tu recompensa es eterna!
Ser maestro en la escuela bíblica es más que
un servicio semanal: es una misión divina, una forma de colaborar con
Dios en la formación espiritual de una nueva generación.
No te desanimes, no subestimes tu rol.
Recuerda que enseñar es amar con paciencia, guiar con verdad y sembrar con
fe. Acepta tu llamado con gozo, porque estás siendo parte del plan de Dios
para transformar vidas.

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