📌 Cuando dejamos de juzgar... comenzamos a entender.
Contamos lo que dieron, lo que faltó, lo que dolió.
A veces los idealizamos, otras los culpamos.
Los miramos como si fueran invencibles… o como los responsables de nuestras grietas.
Pero rara vez los vemos como lo que verdaderamente eran:
Seres humanos.
Con temores, con historias inconclusas, con cargas invisibles.
Un día —a veces con la madurez, a veces con el dolor— algo cambia.
Y empezamos a mirar atrás…
Y entendemos que ese “no” que tanto dolió, tal vez fue protección.
Que esa ausencia, quizás era agotamiento.
Que ese amor torpe… era lo mejor que sabían dar.
Honrar a nuestros padres no es idealizarlos.
Es verlos tal cual fueron: con virtudes, con fallas, con cicatrices.
Y aún así… elegir agradecer.
Porque el perdón no siempre se dice en voz alta.
A veces es un pensamiento, una lágrima, un suspiro frente a una foto.
A veces, es simplemente dejar de cargar rencores que ya no nos corresponden.
y el corazón se te aprieta entre nostalgia y comprensión…
entonces ya estás sanando.
Sanar es eso:
Dejar de juzgar lo que faltó
y comenzar a valorar lo que sí estuvo.

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