Errores comunes al enseñar la Biblia a los niños (y cómo evitarlos)
Enseñar la Palabra de Dios a los niños es uno
de los privilegios más hermosos que podemos tener. Jesús mismo dijo: “Dejad
a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de
los cielos” (Mateo 19:14). Sin embargo, a veces, sin querer, cometemos
errores que pueden afectar la manera en que los pequeños reciben y comprenden
las Escrituras.
Hoy quiero hablarte de algunos errores comunes
al enseñar la Biblia a los niños… y cómo podemos evitarlos con sabiduría y
amor.
Error: Enseñar la
Biblia como una colección de cuentos con moralejas (como “sé valiente como
David” o “sé obediente como Noé”), sin presentar el mensaje central de
redención.
Cómo evitarlo: Siempre conecta la historia con el evangelio. Pregunta: ¿Qué nos enseña
esta historia sobre Dios? ¿Cómo apunta a Jesús? Así los niños entenderán que la
Biblia trata, ante todo, de un Dios que salva.
Error: Usar
palabras teológicas difíciles o expresiones que los niños no comprenden.
Cómo evitarlo: Adapta tu lenguaje según la edad del niño. Usa ejemplos de su vida
cotidiana y haz preguntas para asegurarte de que entienden. La claridad es una
muestra de amor.
Error: Convertir
la clase bíblica en una hora de juegos, manualidades y canciones… pero con poco
contenido bíblico real.
Cómo evitarlo: Usa herramientas creativas, ¡sí! Pero siempre con el propósito de
reforzar el mensaje bíblico. El objetivo no es entretener, sino edificar.
Error: Evadir
preguntas como “¿por qué Dios permitió el diluvio?” o “¿cómo sabemos que Jesús
resucitó?”, por miedo o falta de preparación.
Cómo evitarlo: Anímate a estudiar con anticipación y, si no sabes la respuesta, es
válido decir: “No lo sé, pero lo voy a investigar contigo”. Eso también enseña
humildad y búsqueda sincera de la verdad.
Error: Presionar
a los niños para que hagan una oración de fe sin comprender lo que significa,
solo para mostrar resultados.
Cómo evitarlo: Confía en la obra del Espíritu Santo. Enseña con fidelidad y ora por
ellos. La verdadera conversión no se fuerza; es fruto del tiempo, la verdad y
el amor constante.
Los niños merecen una enseñanza bíblica fiel,
profunda y amorosa. No subestimemos su capacidad de entender las verdades de
Dios. Recuerda: cuando sembramos la Palabra en corazones pequeños, estamos
plantando semillas eternas 🌱.
"Instruye al niño en su camino, y aun
cuando fuere viejo no se apartará de él." – Proverbios 22:6

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