El hogar: el primer templo donde se forja el carácter
Vivimos en un mundo donde muchas veces se busca la formación de valores en escuelas, iglesias o programas sociales, pero olvidamos que el primer lugar donde el carácter se moldea es el hogar. Antes que cualquier templo físico, nuestros hogares son los altares donde se rinde culto a Dios con nuestras acciones diarias.
En ese espacio íntimo, donde compartimos las
alegrías, los desafíos y las decisiones de cada día, se cultiva la paciencia,
el respeto, la obediencia, el amor y la fe. No es casual que la Biblia diga: "Instruye
al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él"
(Proverbios 22:6). Esa instrucción no comienza en la iglesia ni en la escuela,
sino en casa, en ese primer templo que Dios nos ha confiado.
Los padres no solo son proveedores, sino
también sacerdotes del hogar, encargados de enseñar con el ejemplo, orar
con sus hijos, corregir con amor y sembrar principios eternos. En ese entorno
se gesta el carácter que sostendrá a nuestros hijos cuando enfrenten las
tormentas del mundo.
Que nunca olvidemos esta gran verdad: una
familia que ora unida, permanece unida. Y un hogar centrado en Cristo es
una escuela de fe, una cuna de líderes y un reflejo del Reino de Dios aquí en
la tierra.

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