"¡Dios Multiplica lo Poco Cuando Hay Fe!"

 

Texto base: 2 Reyes 4:1-7

“Una mujer de las mujeres de los hijos de los profetas clamó a Eliseo, diciendo: Tu siervo mi marido ha muerto… y ha venido el acreedor para tomarse dos hijos míos por siervos. Y Eliseo le dijo: ¿Qué te haré yo? Declárame qué tienes en casa. Y ella dijo: Tu sierva ninguna cosa tiene en casa, sino una vasija de aceite.”

Introducción

Hay momentos en la vida en los que todo parece haberse terminado: se va el sustento, la esperanza se apaga, y la presión del mundo nos quiere arrebatar lo más precioso que tenemos: nuestra familia, nuestra paz, nuestra fe. Esta historia nos habla de una mujer en desesperación… pero también de un Dios que responde a la fe sencilla con milagros sobrenaturales.

 1. La viuda clama — ¡Clamar es el primer paso!

La viuda no se quedó en silencio ni resignada. Ella clamó al profeta de Dios. Hoy, tú y yo también tenemos acceso a alguien mayor que Eliseo: ¡Jesús! Él oye nuestro clamor. Cuando el dolor toca tu puerta, no calles tu voz; levanta tu oración.

Aplicación: No permitas que el orgullo o el miedo te impidan clamar a Dios. A veces, el milagro comienza con una oración honesta y sencilla.

 2. “¿Qué tienes en casa?” — Dios usará lo que ya tienes

Eliseo no le entregó una solución externa. Le hizo mirar dentro de su casa, dentro de su vida. Ella respondió: “Nada… excepto una vasija de aceite”. ¡Ah, pero eso “nada” era más que suficiente en manos de Dios!

Aplicación: Nunca subestimes lo que tienes. Tu fe, tus talentos, tu tiempo, tus recursos — Dios puede usarlos para obrar algo poderoso.

 3. El milagro requiere obediencia

Eliseo da instrucciones específicas: “Ve y pide vasijas prestadas, muchas, y enciérrate con tus hijos, y echa aceite…”. El milagro vino cuando ella obedeció sin entender completamente. Cada vasija que trajo fue llenada.

Aplicación: A veces Dios te pedirá pasos ilógicos, pero la fe verdadera obedece sin ver. El milagro siempre sigue a la obediencia.

 

4. El aceite no paró hasta que no hubo más vasijas

El aceite representa la provisión divina, la unción, la gracia. Y mientras hubo espacio, el aceite fluyó. ¡El límite no lo puso Dios, lo puso la capacidad de recibir!

Aplicación: ¿Cuánto espacio estás haciendo para que Dios obre en tu vida? El nivel de tu hambre espiritual determina la medida de la unción que recibirás.

 5. De la escasez a la abundancia

Dios no solo proveyó lo justo, sino más que suficiente: “Ve, vende el aceite, y paga a tus acreedores; y tú y tus hijos vivid de lo que quede.” ¡El Dios de lo suficiente es también el Dios de lo abundante!

Aplicación: Confía en que Dios no solo quiere sacarte de la crisis, sino también bendecirte a un nivel que puedas vivir en paz y bendecir a otros.

 Conclusión

Quizás hoy sientes que solo te queda una vasija de aceite, algo pequeño, casi insignificante… pero si lo pones en manos de Dios, Él puede hacer lo imposible. ¡Tu milagro está en tu casa, tu fe y tu obediencia!

Llamado final:
No esperes tener mucho para creer. Cree con lo poco, y Dios hará lo mucho. Preséntale hoy lo que tienes y verás cómo Él lo multiplica.

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