Reflexión: Del desierto al jardín



A veces, la vida nos lleva por caminos áridos, donde todo parece seco, estéril y sin sentido. Pasamos por temporadas de dolor, pérdida, soledad o confusión, y sentimos que nada florece, que nuestras oraciones no tienen respuesta, y que el sol quema más de lo que ilumina.

Pero es justo en esos momentos, en medio del desierto, donde Dios trabaja en lo profundo de nuestro ser. El desierto no es un castigo, es un lugar de preparación. Así como una semilla necesita oscuridad y tiempo bajo tierra para brotar, nosotros también necesitamos temporadas de silencio para fortalecernos en la fe.

"No te rindas: lo que hoy parece un desierto, mañana será un jardín."
Este mensaje es una promesa: lo que hoy ves como un lugar de muerte y soledad, Dios lo puede transformar en un espacio de vida y abundancia. Él es experto en hacer caminos en el desierto y ríos en la soledad (Isaías 43:19).

Así que, aunque ahora todo parezca seco, no pierdas la esperanza. Sigue sembrando fe, amor y obediencia. Porque llegará el día en que mirarás atrás y entenderás que ese desierto fue el terreno donde Dios preparó el jardín más hermoso de tu vida.

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