Lo que vale la pena no crece de prisa. Se fortalece en silencio,

 Un joven frustrado le preguntó a su abuelo:


—¿Por qué todo lo bueno en la vida tarda tanto?
El anciano sonrió, lo llevó al jardín y le mostró dos plantas. Una crecía rápido, pero era débil. La otra apenas asomaba, pero su raíz era profunda.
—Esta —dijo señalando la pequeña— es un roble. Tardará años en crecer… pero cuando lo haga, ningún viento lo moverá.
Y concluyó:
Lo que vale la pena no crece de prisa.
Se fortalece en silencio, se arraiga con paciencia… y cuando florece, permanece.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Dinámicas y juegos cristianos para reforzar las lecciones bíblicas

"SOMOS LOS HIJOS DE PADRES QUE NO FUERON A TERAPIA"

MAMÁ: Papá nunca tiene tiempo para nosotros?