Palabras para el Maestro de Escuela Bíblica.
El maestro siempre imparte a sus alumnos algo de su propio espíritu, de su actitud hacia las verdades que está enseñando, si pone la voluntad de Dios ante todas las cosas, o si prefiere agradarse a sí mismo se le notará en el timbre de su enseñanza.
El maestro debe ser convertido, consagrado, y alegre. Porque una cara agria es una mala propaganda para la vida abundante de la cual hablamos. El maestro debe amar a sus alumnos, orar por ellos a diario individualmente y tener confianza en ellos, si no cree en sus alumnos le será imposible ganar su confianza y ayudarles. El maestro que no cree en la conversión de los niños no debería desear enseñar, porque le contagiará sus dudas.
El maestro debe ser compasivo, paciente y perseverante. Hay que tratar a los alumnos revoltosos, con firmeza, pero siempre con amor. Cultive la amistad con ellos, que ellos les ayuden a cuidar la disciplina, si encuentran amor y aprecio por sus cualidades buenas, no se sentirá obligados hacer travesuras para llamar la atención de otros.
La paciencia os es necesaria. ¿Quién sabe si aquel jovencito arrogante, insolente e indisciplinado será un Saulo de Tarso a quien Dios quiere hacer un Pablo?
Recuerde que en un momento de impaciencia podemos destruir todo nuestro trabajo de años y el de otros. Perder a un alumno de la Escuela Bíblica puede significar que perdamos una vida para el servicio del Señor y un alma para la gloria eterna.
El maestro debe ser activo, entusiasta y estar alerta: la preparación semanal de la lección y las ayudas visuales, el trabajo de visitación los interminables trabajos manuales que hay que alistar, las fotocopias para luego llegar a clase y encontrar dos o tres alumnos puede producir cansancio.
Uno se cansará una y mil veces, el asunto es no dejar de hacer el bien porque a su tiempo segaremos si no desmayamos… Y los entendidos resplandecerán como el resplandor del firmamento, y los que enseñan la justicia a la multitud, como estrellas a perpetua eternidad.




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